Los peligros de la procesionaria del pino

Con la primavera llega una de las mejores épocas del año para disfrutar de nuestras mascotas. La naturaleza va despertando del letargo invernal y muestra su faceta más exuberante, las temperaturas son agradables y las actividades al aire libre apetecen más que nunca. Sin embargo, no todo es tan idílico. Entre marzo y abril la oruga procesionaria baja de los árboles y se convierte en una amenaza real para los perros. ¡No la subestimes, su peligrosidad no es proporcional a su tamaño! Descubre por qué.

Cuando pensamos en los riesgos y amenazas a los que están expuestos los perros, solemos referirnos a los parásitos, ya sean externos o internos, a los virus y bacterias y a los mosquitos capaces de transmitir enfermedades que podrían acabar con sus vidas. Sin embargo, pocos son los propietarios conscientes del peligro que entraña la oruga procesionaria o procesionaria del pino, una larva de apariencia inofensiva que incluso nos puede causar fascinación por la belleza de sus colores cuando la vemos desfilar a ras de suelo en fila india.

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un lepidóptero que habita en los bosques de pinos de Europa del sur y central. Su presencia se identifica muy fácilmente por los bolsones blancos que crea en las copas de los pinos (a veces también en abetos) y que le sirven de refugio durante el invierno. Tiene hábitos nocturnos y su ciclo de vida pasa por diversas etapas hasta convertirse en mariposa y morir a los pocos días.

El veneno de los pelos de oruga

Las procesionarias nacen y permanecen en un mismo árbol durante prácticamente toda su vida larvaria. Se alimentan de las acículas hasta el momento en el que alcanzan la madurez necesaria y toda la colonia baja a tierra para buscar un lugar donde enterrarse, convertirse en crisálidas y eclosionar. Al descender, inician la conocida como procesión de pupa, pues se colocan una detrás de la otra formando unas largas filas. Aunque sus colores les permiten camuflarse de sus depredadores, cuentan con un arma mucho más letal: la thaumatopina, una sustancia tóxica que se encuentra en los pelillos o tricomas que recubren su cuerpo. Cuando se sienten amenazadas, estos pelillos actúan como pequeños dardos envenenados que atacan a sus enemigos incluso sin necesidad de que haya un contacto físico, pues se dispersan en el aire, viajan con el viento y pueden ser inhalados muy fácilmente.

Los efectos de la procesionaria

En los humanos, la exposición a los pelos de la procesionaria, por contacto directo o inhalación, suele provocar urticaria, irritación en los oídos, nariz y garganta, y, en casos excepcionales, reacciones alérgicas y problemas respiratorios. Sus efectos pueden ser más nocivos en niños pequeños, más vulnerables, por lo que hay que extremar las precauciones y mantenerlos alejados de las zonas en las que habita.  

Sin embargo, los más perjudicados año tras año por la procesionaria son los perros. Ajenos a la amenaza que supone y atraídos por la curiosidad, las ganas de jugar y el instinto de perseguir y dar caza a todo aquello que se mueve a su alrededor, entran en contacto con ellas e incluso se las llevan a la boca o ingieren sus pelillos, lo que puede resultar letal, pues estas temibles flechas pueden llegar a provocar la muerte de los tejidos o necrosis y, por consiguiente, acabar con la vida de nuestro perro.

¿Qué hacer si mi perro entra en contacto con la procesionaria?

La reacción tras el contacto con la procesionaria de los pinos es inmediata. El perro se mostrará inquieto, intentará rascarse y se producirá hipersalivación. También es probable que se le hinche la cara y la lengua si ha tocado las orugas con la boca.

Lo primero que hay que hacer es lavarle la cara o la zona afectada con agua abundante, mejor templada, y frotar de manera energética. Con ello eliminaremos los pelillos que hayan podido quedar y diluiremos el veneno. Después acudiremos a un centro veterinario en grado de urgencia para que evalúe los daños y determine el mejor tratamiento. Dependiendo de la intensidad de la exposición, el cuadro será más o menos grave, pero es importante tener presente que los perros pueden morir por asfixia o padecer necrosis en los labios, la lengua y la boca con la ingesta de estos bichos. En la mayoría de casos, el veterinario iniciará un tratamiento a base de corticoides y antihistamínicos para reducir la gravedad de las lesiones.  

La mejor manera de evitar el roce de nuestro perro con la procesionaria es estar alerta y evitar aquellas zonas en las que se encuentre la plaga.

Destacado

  1. Entre febrero y abril la procesionaria del pino desciende de los árboles y avanza en características filas indias. Se trata de una oruga muy peligrosa para las mascotas.

  2. Nunca hay que tocar a las orugas del pino y hay que evitar pasear en zonas donde se identifiquen bolsones blancos en los pinos.

  3. La procesionaria del pino cada vez aparece antes y en más lugares debido al aumento de global de las temperaturas.